Cómo NieR Automata revoluciona la estructura narrativa tradicional

Miguel Monsivais
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Cómo NieR Automata revoluciona la estructura narrativa tradicional

Cómo NieR: Automata revoluciona la estructura narrativa tradicional

La narrativa fragmentada y el videojuego como lienzo filosófico

En el vasto panorama de la creación de historias, pocos creadores se atreven a desafiar las estructuras lineales que han dominado la narrativa desde la Poética de Aristóteles. Sin embargo, el director japonés Yoko Taro logró con NieR: Automata un hito sin precedentes: transformar la interactividad y la repetición estructural en el núcleo de un tratado filosófico sobre el existencialismo, la identidad y la futilidad de la guerra. A través de una arquitectura narrativa que solo es posible en su medio, la obra subvierte las expectativas de la audiencia para entregar una de las resoluciones más conmovedoras y metaficcionales de la ficción contemporánea.

La premisa inicial parece simple, casi un cliché del género de ciencia ficción: androides de combate (2B y 9S) son enviados a una Tierra devastada para combatir a una invasión de máquinas alienígenas en nombre de la humanidad refugiada en la Luna. No obstante, esta superficie es solo el caballo de Troya para desmantelar el concepto tradicional del viaje del héroe y obligar al espectador a cuestionar la naturaleza de su propia empatía.

El viaje del héroe deconstruido: El poder de la perspectiva multitrayecto

Para comprender el genio de esta obra, es necesario analizar cómo utiliza la estructura de múltiples rutas (Rutas A, B, C, D y E) no como finales alternativos de una novela visual, sino como capítulos cronológicos y acumulativos de una sola novela monumental.

La repetición como herramienta de empatía (Ruta A y Ruta B)

La primera parte del relato (Ruta A) nos presenta el conflicto desde los ojos de la androide de combate 2B. Es una narrativa de acción directa donde el enemigo es retratado como un "otro" desprovisto de alma, una masa mecánica hostil. Sin embargo, al completar esta sección, el relato obliga al usuario a jugar exactamente los mismos eventos desde la perspectiva de su compañero, el androide de exploración 9S (Ruta B).

Esta repetición no es un mero reciclaje de contenido. Al cambiar el punto de vista, el guion introduce una mecánica clave: la capacidad de hackear a las máquinas enemigas. Al hacerlo, el jugador accede a los "archivos de memoria" de los jefes mecánicos que antes destruyó sin piedad. El guion revela entonces que estas máquinas estaban intentando imitar comportamientos humanos: formar familias, fundar sociedades utópicas, experimentar el amor o el miedo a la muerte. Lo que en la primera vuelta era un combate heroico, en la segunda se revela como una masacre trágica de seres sintientes que buscaban desesperadamente un propósito.

La ruptura de la ilusión de control (Ruta C y D)

Una vez que el espectador cree haber comprendido la dualidad del conflicto, la historia rompe por completo el bucle de repetición. Las rutas C y D actúan como la verdadera segunda mitad del relato, una espiral descendente hacia la locura y el nihilismo. Aquí, el dogma que sostenía la existencia de los androides ("Por la gloria de la humanidad") se revela como una mentira sistemática: la humanidad se extinguió hace milenios y la guerra es un ciclo infinito diseñado por un sistema de control para forzar la evolución tecnológica.

Yoko Taro utiliza este giro no solo para sorprender, sino para despojar a los personajes (y al público) de toda justificación moralista. La violencia ya no tiene un fin noble; se convierte en una inercia destructiva. La narrativa transiciona de una epopeya de ciencia ficción a una tragedia existencialista que evoca las obras de Jean-Paul Sartre y Albert Camus.

Ludonarrativa y existencialismo: El clímax de la Ruta E

El verdadero milagro narrativo se produce en el final definitivo de la obra (Ruta E). Tras presenciar la destrucción mutua de los protagonistas y la futilidad de su lucha, los créditos del juego comienzan a rodar de manera convencional. No obstante, la interfaz del juego interviene. Los datos de asistencia técnica (los pods) cobran autoconciencia y se niegan a aceptar un desenlace tan trágico para los androides, desafiando a los propios creadores de la obra.

Esto se traduce en una secuencia donde el jugador debe "destruir" literalmente los nombres de los desarrolladores en un minijuego de disparos casi imposible. A medida que la dificultad aumenta hasta volverse insuperable, el juego comienza a mostrar mensajes de aliento reales dejados por otros jugadores de todo el mundo que ya completaron la historia. Finalmente, el juego ofrece ayuda: naves controladas por los datos guardados de otros jugadores reales aparecen para rodear al jugador, absorbiendo los impactos y permitiéndole alcanzar el final feliz.

La catarsis existencial culmina con una decisión final que redefine la relación entre el autor, la obra y el receptor. Para salvar a los personajes y asegurar que otros jugadores que están sufriendo para terminar el juego reciban esa misma ayuda, el juego te pide un sacrificio absoluto: borrar por completo todos tus archivos de guardado. Tus horas de progreso, tus armas conseguidas, tus memorias virtuales desaparecen para convertirse en el escudo de un desconocido en algún rincón del planeta. El existencialismo nihilista de la historia se resuelve mediante un acto puro de altruismo comunitario.

Lecciones de escritura: ¿Qué pueden aprender los creadores de historias?

Para novelistas, guionistas y diseñadores de narrativas, la obra de Yoko Taro ofrece lecciones invaluables:

  • El punto de vista lo es todo: Cambiar el foco de la narración no solo aporta información nueva, sino que recontextualiza éticamente las acciones previas de los personajes. Un villano es solo un héroe cuya historia aún no ha sido contada desde la perspectiva correcta.
  • El medio debe ser el mensaje: No intentes contar en un formato lo que funcionaría mejor en otro. La resolución temática del sacrificio de datos solo tiene peso emocional porque el receptor ha invertido esfuerzo activo en construirlos. En literatura o cine, debemos buscar equivalentes analógicos que demanden una inversión emocional activa de la audiencia.
  • La subversión de las expectativas requiere coherencia: Romper las reglas de la estructura en tres actos solo funciona si el nuevo camino propuesto ofrece una verdad emocional más profunda que la fórmula tradicional.

En conclusión, este relato demuestra que las fronteras de la narrativa contemporánea están en constante expansión. Al final, nos enseña que ante un universo indiferente y carente de significado intrínseco, el único sentido real es el que decidimos construir a través de la empatía y la conexión con los demás.

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